domingo, 27 de diciembre de 2009

RUMBO AL DESASTRE



LEONARDO BOFF*

No me vienen otras palabras al asistir al melancólico desenlace de la COP-15 sobre el cambio climático en Copenhague.

La humanidad ha penetrado en una zona de tiniebla y de horror. Estamos yendo hacia el desastre. Años de preparación, diez días de discusión, la presencia de los principales líderes políticos del mundo... no fueron suficientes para despejar la tiniebla mediante un acuerdo consensuado de reducción de gases de efecto invernadero que impidiera llegar a los dos grados Celsius.

Sobrepasado ese nivel y rozando los tres grados, el clima ya no será controlable, y quedaríamos entregados a la lógica del caos destructivo, amenazando la biodiversidad y diezmando millones y millones de personas.

El presidente Lula, en su intervención en el día mismo de la clausura, el 18 de diciembre, fue el único que vino a decir la verdad: "Nos ha faltado inteligencia", porque los poderosos prefirieron negociar ventajas a salvar la vida de la Tierra y los seres humanos. Obama no aportó nada nuevo. Fue imperial, al imponer minuciosas condiciones a los pobres.

Dos lecciones se pueden sacar del fracaso de Copenhague: la primera es la conciencia colectiva de que el calentamiento es un hecho irreversible, del cual todos somos responsables, pero principalmente los países ricos.

Y que ahora somos también responsables, cada uno en su medida, del control del calentamiento para que no sea catastrófico para la naturaleza y para la humanidad. La conciencia de la humanidad nunca más será la misma después de Copenhague. Si se dio esa conciencia colectiva, ¿por qué no se llegó a ningún consenso sobre las medidas de control de los cambios climáticos?

Aquí surge la segunda lección que importa sacar de la COP-15 de Copenhague: el gran villano es el sistema del capital con su cultura consumista.

Mientras mantengamos el sistema capitalista mundialmente articulado, será imposible un consenso que ponga en el centro la vida, la humanidad y la Tierra, y tomar medidas para salvarlas. Para el capitalismo la centralidad la tiene el lucro, la acumulación privada y el aumento de competitividad.

Hace mucho tiempo que distorsionó la naturaleza de la economía como la técnica y el arte que era de producción de los bienes necesarios para la vida. La transformó en una brutal técnica de creación de riqueza por sí misma, sin ninguna otra consideración. Esa riqueza ni siquiera es para ser disfrutada, sino para producir más riqueza, en una lógica obsesiva y sin freno.

Por eso es por lo que la ecología y el capitalismo se niegan mutuamente, o hay acuerdo posible. El discurso ecológico busca el equilibro de todos los factores, la sinergia con la naturaleza y el espíritu de cooperación.

El capitalismo rompe con el equilibrio al sobreponerse a la naturaleza, establece una competición feroz entre todos y pretende sacar de la Tierra todo lo posible, hasta que ésta no pueda ya sostenerse. Si asume el discurso ecológico... es para hacer lucro con él.

Además, el capitalismo es incompatible con la vida. La vida pide cuidado y cooperación. El capitalismo sacrifica vidas, crea trabajadores que son verdaderos esclavos pro témpore, y adopta el trabajo infantil en varios países.
Los negociadores y los líderes políticos en Copenhague fueron rehenes de este sistema que trafica, quiere obtener lucros, no duda en poner en riesgo el futuro de la vida. Su tendencia es autosuicida. ¿Qué acuerdo podrá haber entre los lobos y los corderos, o sea, entre la naturaleza que clama pidiendo respeto y los que la devastan sin piedad?

Por eso, quien entiende la lógica del capital no se sorprende con el fracaso de la COP-15 en Copenhague. El único que levantó la voz, solitaria, como un "loco en una sociedad de "sabios", fue el presidente Evo Morales, de Bolivia. "O superamos el capitalismo, o destruirá la Madre Tierra".

Nos guste o no nos guste, ésta es la pura verdad. Copenhague quitó la máscara del capitalismo, incapaz de conseguir consensos porque poco le importa la vida y la Tierra, sino las ventajas y los lucros materiales.


*Leonardo Boff es autor de más de 60 libros, la mayoría de los cuales han sido traducidos a distintos idiomas. Su obra "El águila y la gallina: una metáfora de la condición humana" (1998) estuvo durante un año en la lista de libros más vendidos en Brasil. En España la primera edición se agotó en un mes.

Desde 1993 es profesor de Ética, Filosofía de la Religión y Ecología en la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ).

Boff, que siempre se definió como teólogo de la Liberación, es en la actualidad máximo representante en América Latina de la Teología de la Ecología, que él entiende como ampliación de la teología de la Liberación y como "la defensa del Planeta y la cuestión de la paz entre los pueblos".

En diversas ocasiones ha criticado el genocidio de la Iglesia en América Latina, el autoritarismo de la jerarquía católica y la postura de la Iglesia en temas como la homosexualidad.

Es doctor "honoris causa" por la Universidad de Turín (Italia) y en Teología por la Universidad de Lund (Suiza).Habla inglés, francés, italiano y alemán, y viaja por todo el mundo ofreciendo conferencias.

Ha sido galardonado con varios premios por su lucha a favor de los marginados, y de los Derechos Humanos. En 2001 recibió el Premio al Correcto Modo de Vida, también llamado "Nobel Alternativo".

Ha sido asesor de movimientos sociales como el Movimiento de los Sin Tierra (MST) o las Comunidades Eclesiales de Base (CEB), y es miembro de la Comisión Internacional de la Carta de la Tierra.
1964/ Ordenado sacerdote.
1972/ Publica "Jesucristo liberador".
1980/ Publica "Cómo hacer teología de la liberación".
1981/ "Iglesia, carisma y poder".
1985/ Condenado a un año de "silencio obsequioso" por la Congregación para la Doctrina de la Fe.
1992/ Se aparta de la orden franciscana y anuncia su renuncia al sacerdocio.
1993/ Profesor en la Universidad de Río de Janeiro.
1998/ Publica "El águila y la gallina: una metáfora de la condición humana".

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